Así los retratos de familiares y amigos, obras intimistas y cargadas de sensibilidad. Luego trabajos que denotan un compromiso social y político. Las preocupaciones sociales se mantendrán y reaparecerán en otros momentos, con nuevas formas y maneras de pintar. Luego, para mediados de los años sesenta, Oviedo abandona las geometrizaciones angulares a favor de formas redondeadas, diluidas y superpuestas a las que unió la figuración de su propio rostro como testigo de primer orden de las vicisitudes y luchas del momento.
Posteriormente el artista entra en una etapa de reflexión existencial y sus figuras se presentan ingrávidas, en formas que parecen flotar en el espacio pictórico cual habitantes de un mundo sideral, donde conviven tensiones, fuego, fondo y formas aunados con rojos vibrantes y cautivantes que difuminan los bordes.
Hasta que pronto el pintor entra en reflexiones filosóficas en torno a las complejidades del momento y las transcribe plásticamente con superposiciones de formas y pátinas, en las que el pigmento y su riqueza adquieren el protagonismo para crear espacios múltiples que hacen coincidir figuras fantasmagóricas e inverosímiles en obras monumentales, provocadoras y desconcertantes imbuidas de realidad y fantasías, de drama y magia.
Artista del siglo XX, testigo de confrontaciones armadas nacionales e internacionales, atento al devenir de los tiempos, susceptible a los cambios sociales, culturales y tecnológicos. Hombre, artista, solidario, ser social, vital y reflexivo se nos presenta Ramón Oviedo a través de estos Imaginarios que identificamos en el conjunto de obras que el Museo Bellapart presenta en la conmemoración de su centenario.
Abierta al público del 1 de marzo al 31 de mayo de 2024.